sábado, 30 de julio de 2016

Te perdono...

Me falta decirte que te perdono. Te perdono por esos días donde no tienes la fuerza y la decisión de reír a carcajadas, de saltar como loca, de vivir esta fiesta y admirarte como niña de tres años, por esa vida tan bonita que tienes.
Por atarte las manos con nudos invisibles y pensar que no posees el coraje de desatarlos tú misma. Por callar, por ceder, por no ser, por no entender, por no creer.
Por no creer en ti, por no creerte. Por amarte un día sí, y el otro a medias. Por encontrarte en el espejo y, en ocasiones, no gustarte tanto. Por saber que eres magia, y quedarte apagada.
La obsesión y el perfeccionismo, las manías, las críticas, los juicios; todos esos también te los perdono.
Las llamadas que no hiciste, y las que hiciste. Las palabras sin decir y las dichas. Los silencios. Las batallas que te dejaron el alma temblando y las agonías de no saber si estabas haciendo lo correcto.
Los tropiezos, que si fueron a propósito o no, ya fueron. Los puentes que quisiste cruzar y que mejor evadiste.
Las olas y distancias que te dieron miedo. Los sueños que van a la mitad, y las mentiras que les has dicho.
La sensibilidad que ha sido fortaleza y también prueba. Los días esos que te duelen, porque fueron -sientes-, vividos a medias, estando y sin estar, sumergida en mundos inventados que te hicieron perder el piso.
Te perdono todo, te perdono hasta lo que no recuerdas y que una tarde te reprochaste, porque en el fondo tú y yo sabemos que hemos vivido, y que aquí no hay nada que deba perdonarte.
Porque te amo, y me gusta el camino que hemos andado, y me gusta más caminarlo contigo... Conmigo, las dos juntas, como en el inicio, desde siempre.

G.C.